|
Eran las 8:30 AM de aquel terrible jueves. Un día normal para cualquiera, sin embargo, para
mí...
¡oh Dios...cuán doloroso se
transformó...!
Allí estaba postrado; en aquella cama que, había sido su lecho durante tanto tiempo. Un lecho desgarrador que, había lacerado todo
su cuerpo; ya no habían cremas ni ungüentos posibles que aliviaran sus llagas...
Llagas que, iban acrecentándose con el tiempo, como lo hacían las heridas en mi corazón; ese mismo corazón que, un día
compartió sus latidos con el cuerpo inmóvil de mi adorado hijo que, allí yacía.

Mi hijo...mi pequeño...que aunque ya grande, para mí, seguía siendo mi bebé; creo que en general, todas las madres pensamos
igual; para nosotras, nuestros hijos nunca crecen totalmente, pues siempre seremos mayores que ellos y con más experiencias
acumuladas...
Mi amado hijo...sufrió un grave accidente, el cual lo dejó tetrapléjico. Su mente estaba allí; sintiendo, sufriendo, muriendo en vida.
Sólo su cerebro funcionaba, y ése, precisamente, era su peor castigo. Me repetía cada día: "Mamá, por favor...no me dejes sufrir
más; no soporto estar así; no soporto estar en estas condiciones; mírame...soy un desecho humano...no puedo moverme; no puedo
hacer nada, sólo pensar y volverme loco entre estas cuatro paredes..." "Mamita, por favor, te lo suplico; hazlo, por el amor que me
tienes...¿acaso no te das cuenta de que, estoy inservible? ¿que lo único que hago es sufrir y hacer sufrir a los que me quieren?
¿acaso vale la pena vivir así? ¿si estuvieras en mi lugar, qué te gustaría que yo hiciese por ti?...por favor, mamá, ten compasión de mí...te lo suplico..."
Una y otra vez me repetía las mismas palabras, con la dificultad con la que podía comunicarse. Mi corazón se desgarraba al verlo
en aquellas condiciones... yo pensaba que, manteniéndolo allí, al menos lo tenía presente; él, era mi compañía y yo la suya, mas él,
se había cansado de luchar inútilmente. Los doctores no daban esperanzas; decían
que, "su destino era estar postrado en aquella
fría cama e ir en deterioro." Lo peor, era que, él lo
sabía...

Ese jueves...se despertó llorando...me hizo recordar cuando era un niño y venía corriendo donde mí, para que yo aliviara su
dolor...yo
le daba un tierno beso y le preguntaba: "¿se te quitó?" a lo cual, él respondía: "sí,
mamá;
se
me
quitó...te amo."
Ahora, ya su dolor no mermaba con mis besos; besos que no me cansaba de darle, pues era tan mío como lo fue cuando estaba en mi vientre; cuando se
alimentaba de mi sangre; cuando Dios me bendijo con su presencia.
Una presencia que en poco tiempo ya no existiría, porque yo, su madre, saqué fuerzas de donde no las tenía, para complacerlo en su última voluntad. No me pregunten cómo pude hacerlo; es algo a lo cual no tengo respuestas. Tal vez, el hecho de verlo sufrir
tanto; si vieran sus ojitos cuando me miraba; desesperado; esa mirada que la tengo grabada en mi mente y en mi alma; una mirada
suplicante, cargada de lágrimas que gritaban muy fuerte a mis sentidos.

Ese día...lo besé como nunca; lo sujeté fuerte entre mis brazos y lloré con él; lloré como jamás he vuelto a hacerlo desde
entonces... mientras hacía esto, él me susurró al oído: "mamita...ya no lo pienses...alivia mi cruz". Nuestras miradas se
cruzaron;
se detuvieron en un tiempo imposible de calcular...
Cerré mis ojos...y sin pensarlo ya más...le arrebaté su vida, arrebatando la mía al mismo tiempo. En un segundo, mi tiempo no tenía
tiempo; mi vida carecía de ilusiones tornándose fría; mi ser se quemaba en una hoguera inapagable.
¿Compasión? ¿Lástima?
¿Amor...?

Ahora estoy, aquí...esperando un juicio...y me pregunto: ¿serán capaces esos jueces de colocarse en mi lugar? ¿podrán realmente
determinar si soy culpable o inocente...?
—¿inocente...?— ¿cómo puedo ser inocente, si he cometido un crimen contra el ser que más he amado en la vida?
—¿culpable...?—¿cómo sentirme culpable de haber sentido compasión y haber sido capaz de encarcelarme a mí misma por un
amor tan grande; incomparable...sin igual...?
Cuán controversial puede tornarse nuestro
destino...
—Ayer: "una madre abnegada, amorosa, tierna, dedicada..."
—Hoy: "¿una asesina
por amor...?"

Eutanasia...le llaman "dulce muerte"...mas ¿cuán dulce puede ser realmente? La verdad...no sé qué pensar; estoy pasando por
un proceso, donde mi vida ha quedado fría y vacía; ni siquiera estoy segura de lo que creo o lo que no creo; de lo que veo o lo que no
veo.
¿Quién puede juzgarme? ¿Lo harás tú? ...ponte en mi lugar antes de hacerlo y recuerda que, con la vara que midas, serás
medido...sobre todo, date cuenta de que, no lo hice por mí, lo hice por él...por el pedazo de mi corazón que una vez me arranqué de
muy adentro, hundiendo un puñal en su lugar; un puñal que permanecerá hasta el final de mis días.
No trato de justificar mi acción; simplemente te he narrado mi historia...total, qué más da lo que puedas pensar, si al final de
cuentas, tendré que vivir, con el dolor a cuestas de no tener a mi amado hijo, a mi lado...de vivir sin vivir, mejor dicho: "de vivir por
vivir..."
Mÿçh꣣ë
©Derechos Reservados
Basado
en
una
historia
de
la
vida
real.
|