¡Mírame!... soy el despojo
de lo que una vez conociste.
Soy esa sombra que se oculta
en la más terrible oscuridad.
Soy ese triste guiñapo
que un día sacaste de tu vida,
dejándole abandonado a su suerte;
sin saber a dónde ir
ni a quién recurrir,
sino a sus propios fragmentos.
¡No me mires con lástima!
Estoy así porque quiero,
porque con esta demostración,
lo que hago es enseñarte...
¡Sí...enseñarte...!
el valor de una palabra,
la importancia de una caricia,
la ternura de un abrazo,
la alegría de una sonrisa...
¡y sobre
todo, la fuerza del espíritu...!
Ese mismo espíritu fuerte y luchador
que un día quisiste arrebatarme ,
y que a pesar del tiempo,
de las dudas, de los miedos,
de haber recibido de ti
tantos desdenes y humillaciones,
hoy se levanta firme, decidido
y con más fuerza que nunca antes...
¿Qué creías, que no me levantaría?
¡Te equivocaste! ¡Mírame bien!
¡Graba esta imagen en tu
memoria,
pues será la última vez que así me veas...!
Este es el rostro de la
derrota,
mas es un traje prestado,
porque hoy mis vestiduras
cambiarán para siempre,
ya mi dolor no tendrá tu nombre,
ni mis deseos tus marcas...
¿Te sorprende? ¿Qué pensabas?
¿Que ibas a destruir mi vida
sin yo darte la batalla?
Ya ves que el mundo da vueltas
y que lo que hoy es mucho,
mañana es nada...
¡Mírame como cambio ante tus
ojos...!
de ese harapo sucio y roto,
ya no queda sino el recuerdo...
...sólo una mala
memoria
que se perderá en el tiempo,
donde las fronteras no existirán
¡y tu nefasta estampa ya no estará!
¿Acaso viniste a burlarte de mí?
¡Qué pena me das!
Porque
mientras
me pisoteabas,
más fuerzas adquiría yo.
Y si alguien en el
camino,
saldrá afectado y herido,
derrotado, sin un camino,
te informo que no seré yo.
Porque
simplemente
¡aprendí a sobrevivir... sin
ti...!