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Prometiste un cielo mágico,
cargado de bendiciones,
para cuando lo mirara,
viera reflejados tus dones.

Le colocaste un lucero,
enorme en belleza y luz,
sus rayos iluminan mis pasos,
por el camino de la cruz.

Rocías mi mundo con tu dulzura,
cuando las gotas de lluvia caen,
refrescas con ellas, mi amargura,
ellas como imán, se atraen.

Sembraste semillas de amor,
que dan su fruto en la noche,
al contemplarlas, me extasío,
de su luz, hacen derroche.

Son tus promesas divinas,
ésas que me hacen soñar,
las que me recuerdan día a día,
que yo nací para amar.

Mas si no hubiera promesa,
Señor mío, te querría igual,
pues este amor que yo siento,
nada lo puede igualar;
eres tú mi adoración,
eres mi vida, eres mi paz...
¡Bendíceme Padre y protégeme,
pues sin ti, nada es normal...!

Mÿçh꣣ë
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