esa seguridad,
esa esperanza,
esa determinación,
esa certidumbre;
ese saber que podemos creer,
en algo o en alguien.
"Confío en ti,
porque me has demostrado
que puedo hacerlo."
"Confío en ti,
porque me ofreces
la seguridad de saber,
que no importa lo que pase,
no me defraudarás."
"Confío en ti,
porque creo en ti."
Todos, de alguna forma,
tenemos la confianza en algo,
o en alguien.
Confiamos,
porque eso nos ofrece
la tranquilidad de saber
que no estamos solos.
De hecho, esa confianza,
puede ser en alguien o en algo
en lo que tenemos mucha fe.
Puedes tener confianza
en un amigo, en tus padres,
en los maestros, en tu pareja,
en ti mismo... y sobretodo, en Dios.
De alguna manera,
la confianza te motiva a creer,
a tener nuevos bríos,
a plantearte nuevas metas;
te ayuda a ser,
un mejor ser humano.
Pero...¿En qué confiar o en quién?
Debes tener presente,
que la confianza no es algo
que se brinda a cualquiera;
confiar envuelve plenitud,
y de alguna manera,
poner tus proyectos,
tus secretos,
tu vida,
en las manos de alguien.
Es por eso,
que debes saber elegir
en quién o en qué,
depositar este gran sentimiento.
La desconfianza,
no es sinónimo de no amar;
puedes amar a alguien y sin embargo,
"no confiar totalmente".
Dicen por ahí,
que el amor es ciego.
A mi entender,
el amor puede ser ciego temporalmente,
pero no es torpe.
Puedes amar,
hasta el punto de dar tu vida
si fuere necesario,
pero eso no quiere decir,
que necesariamente confíes 100%
en esa persona.
Se puede amar al mundo entero,
y no confiar en nadie sino en Dios.
Esa es mi opinión, no tiene que ser la tuya.
No es que no confíes.
¡Es el grado de confianza que otorgas,
y a quién lo otorgas!
Este es un tema extenso,
en el cual pueden existir
un sinnúmero de opiniones.
Debes analizarte a ti mismo (a)
y decidir
el grado de confianza que ofreces,
pero recordando siempre,
que si alguien defrauda dicha confianza,
siempre hay un lugar...
para el "perdón".