Allí yacía en el suelo,
rodeado de su propia sangre;
una caída fue suficiente
para que su hígado reventara.
Su hígado...
estaba tan descompuesto,
tan deforme a causa del alcohol,
que ya no pudo tolerar
estar en ese cuerpo.
Un cuerpo que había sido
tan sano en un tiempo,
tan vigoroso,tan luchador.
Hasta que un día la depresión
tocó las puertas de su cerebro
y le hizo creer
que sería el remedio
para sus males.
Y en ese piso,
estaba su figura.
Esa persona que equivocadamente,
ahogaba sus penas en una botella;
que lo había perdido todo
por sentirse tan solo;
creyendo que,
ahogándose en bebidas,
¡no sufriría más...!
Nunca logró entender:
¿por qué aquéllos
que un día lo aclamaban,
lo abandonaron en el momento
que más los necesitó?
¿Por qué comenzaron
a rechazarle,
si él no hizo otra cosa
que amarles?
Ahora...
él estaba enfermo.
¡Sí, enfermo!
Porque eso es el alcoholismo.
¡Una terrible enfermedad!
...que ciega a las personas;
que va consumiéndoles el alma;
que se va apoderando de sus cuerpos,
de su voluntad.
Y en muchos casos
reaccionan demasiado tarde.

Supongo
que, ahora, surgirá
el arrepentimiento
en el corazón de aquéllos
que huyeron de su lado,
en lugar de buscarle
soluciones al problema.
¡Claro!
Es más fácil huir,
que enfrentar.
Lo más triste de todo
es que, él
quería dejarse ayudar;
muchas veces lo demostró
¡pero se sentía tan solo...!
Una soledad
que no se curaba
con la bebida,
pero que lo alejaba
de una cruda realidad
de la cual quería escapar.
¡Gran escape tuvo!
Encontró la muerte...
una muerte,
dolorosa y triste,
como lo fueron
los últimos años
de su vida.
¡Ya no hay nada que hacer!
sólo aprender
de los errores ajenos.
El exceso de alcohol, mata.
El alcoholismo,
es una enfermedad
que puede controlarse.
Si conoces a alguien
que la padece;
ayúdale, oriéntale.
Existen sitios
especializados para ello
y son totalmente
confidenciales.
Yo sé que algunas personas
no se dejan ayudar,
pero tú haz el intento;
tal vez, la persona que conoces
pide ayuda a gritos
dentro de su silencio;
no pierdas esa oportunidad.
Y si eres tú,
esa persona desesperada
que necesita ayuda,
pero no quieres aceptarlo,
¡toma una decisión!
No te veas como la víctima.
Tan víctima eres tú,
por haber caído en ese vicio;
como lo son los seres amados
que te rodean;
a los cuales tal vez
has abandonado
por sumirte en tu egoísmo;
haciendo un infierno
de sus vidas
sin darte cuenta.
¡El alcohol
es un problema de todos...!
Mÿçh꣣ë
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"Habla
la Madre"
Una copa de vino;
mi compañera fiel.
¡Quién diría que el destino
convertiría mi vida en hiel!
Cada cual en su mundo.
Aquéllos a quiénes todo entregué;
hoy me dan a mí la espalda,
pues ya no les serviré.

¿Es que acaso no comprenden,
que el dolor de mí se ha apoderado,
...que cuento cada minuto
para ver mi cuerpo enterrado?
No hay sentido para nada.
¡sólo deseo morir!
Y me siento acorralada.
¡Qué sacrificio es vivir...!

¿No recuerdan que en un tiempo,
fui el timón que sus barcos guió?
¡Hoy me miran con desprecio;
dicen que el alcohol me cambió!
¿Por qué en lugar de juzgarme,
no me ayudan a salir?
¡de este infierno que me ata
y me quiere destruir!

¿Acaso no ven que esto
es tan sólo mi salida,
...a la soledad terrible
que ha digerido mi vida...?
¡Pido ayuda a puro grito,
pero nadie a mí me escucha!
Mi voz cae al laberinto
y sigo sola esta lucha.

No me juzguen por cual ven,
mas por lo que realmente soy;
esclava de un terrible vicio
que me sigue a donde voy.
¡Ayúdenme se los ruego!
quiero volver a vivir;
llenarme de grandes pasiones,
que antes me hacían sentir;
sembraban en mí ilusiones
y me permitían seguir.
¡Ayúdenme por favor,
no me abandonen les pido!
Es éste mi cruel quejido;
quiero dejar de sufrir.

"Habla
la Hija"
Madre querida te pido,
que comprendas mis motivos.
Yo siento en éste tu grito,
que hablas con el corazón;
mas si de ti me alejé,
no fue por puro egoísmo;
intenté cambiar mi destino,
pues a tu lado sufría.
Teniendo que verte día a día;
entre botellas y copas;
ya ni siquiera tus ropas,
eran las mismas de un tiempo.
Cuando guiabas mis pasos,
¡cuando no tenías lamentos...!

Quiero ayudarte a salir,
de este vicio destructor.
¡Ya ves! Papá se cansó;
nos dejó solas aquí.
Luchando por ti y por mí;
¡quién sabe a dónde partió!
mas en mi caso te digo:
no te vuelvo a abandonar;
desde ahora tu serás,
mi compañera del alma.
Y cuando el mar esté en calma,
celebraremos las dos,
que un día el alcohol te arropó;
pero lograste vencerlo;
venciendo a su vez el miedo
a la soledad terrible,
que a sus garras te arrojó.
Mÿçh꣣ë
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