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Huele a tristeza.
Puedo sentirlo.
Lo palpo en el aire
y en su soplido;
lo escucho en el llanto
y en su gemido.
No hay paz.
Nada fluye.
Pesado ambiente,
sin calma.
Todo se nubla.
¡Amarga oscuridad
que llevamos dentro!

¡Huele a tristeza!
mas no ésa que se siente
por las cosas que nos pasan,
por los problemas que existen,
por amarguras pasadas.
Sino ésa que disfrazada,
se mete en nuestros adentros
para darnos la puñalada.
Sin poder defendernos,
intentando decir nada;
quitándose su disfraz;
mostrando su doble cara.

¡Huele a tristeza...!
mas quién se libra de ella
¡si siendo nada, es todo;
si siendo todo, es nada!
Si toma control del cuerpo
sin siquiera consultar
y penetra hasta tu alma
como ladrón escondido;
apoderándose de ti;
de tus motivos, tu calma;
de tus instintos furtivos;
de tus nubes tan
blanqueadas;
de tu frío, de tu abrigo;
del calor de tu morada;
exigiendo un gran espacio
de una mesa reservada
¡...y dejando un gran vacío
en la luz que le acompaña!
Mÿçh꣣ë
©Derechos Reservados
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