¡Te contaré por qué estoy aquí...! ¡Sí...aquí!... entre estas frías y espeluznantes paredes donde la cordura pierde su lógica; donde la fantasía no existe, pues la realidad se muestra con la crudeza en su máxima expresión.

Aquí me tienes frente a ti, encarcelada. Son estas gruesas rejas que me rodean, el único impedimento entre tú y yo; la alternativa entre la libertad y el encierro infernal; la diferencia entre un segundo de vida y un segundo de muerte. 

Es esta horrible celda, la prueba de estar en el lugar equivocado, a la hora precisa, con el tiempo contado... Te narraré la historia de mi morir día a día, intentando hallar respuestas que no existen y —sobretodo— un indulto que no sé si merezco.

Y me pregunto ¿si acaso son estas rejas físicas mi peor verdugo? ¿si son estas paredes las que me acusan? Tal vez, esa guerra interna de pensamientos entre lo que me atormenta continuamente y lo que estoy viviendo.

Al terminar mi relato, "podrás ser mi juez"  y decir en tu corazón, qué es lo correcto y qué no lo es...

Eran aproximadamente las 9:00 a.m. Mi niña, muy cariñosa, se había levantado muy temprano ese día, ya que era su cumpleaños. Yo tenía todo comprado para ese día, su vestido nuevo, precioso, su piñata, sus globos, en fin todo para su celebración. La noche anterior no durmió nada; era tanta su alegría que no podía pegar sus ojitos solamente pensando en esa gran fiesta que le tendríamos. Había invitado a todos sus amiguitos. ¡Sus ojitos brillaban como dos luceros hermosos que alumbraban todo a su alrededor...!

Esa mañana,  vino hasta el auto a despedirse de mí. Me preparaba para salir a buscar su torta de cumpleaños. La había enviado a preparar especialmente para ella, y era lo único que no podía tener hasta el mismo día de la fiesta.

Con su acostumbrada sonrisa de par en par, me dijo: "mami, estoy contenta, ya quiero que comience mi fiesta y empiecen a llegar mis amigos" —a lo cual sonreí— me despedí de ella con un "te amo mi vida, será la mejor fiesta de cumpleaños que tengas y disfrutarás mucho". Le di un beso y un abrazo, pero era tanta su emoción que quiso acompañarme. Le dije que se subiera en la parte trasera del auto y se amarrara el cinturón de seguridad, pero que se apurara porque ya estaba tarde...

Ella abrió la puerta y la cerró. Dejé ir el carro hacia atrás, cuando —de repente— sentí un fuerte golpe... ¿Con qué había chocado?, ¡No había nada en la marquesina con lo que pudiera chocar! Me bajé rápidamente...para mi sorpresa, allí estaba ella, su cuerpecito tendido en el suelo, ensangrentado, inconsciente. Al parecer, cuando abrió la puerta y la cerró, no se subió al auto; decidió entrar por el otro lado, y yo por la prisa no me percaté. ¡Nunca lo habría imaginado...! ¡Aquel ser al que un día le di la vida, en ese segundo —yo misma— su progenitora, se la había arrebatado...!

El mundo se me vino encima...Grité como loca pidiendo ayuda, pero ¡ya era tarde! Era tan frágil, que el impacto la mató de inmediato. "Ayúdenme por favor, mi princesita se me muere" —gritaba yo sin control— "¡Niña mía despierta! ¡Mi amor, es tu cumpleaños y tus amiguitos te esperan, no me dejes por favor...! ¡Diosssssssssssss! ¿Por qué a mí, por qué Señor?"...

En un segundo mi vida, en mi muerte se tornó, pues al morir mi niñita... ¡ la vida ya no me importó...!

Llamé a Emergencias Médicas; ya nada se podía hacer. Llegó la policía a investigar... y aquí me encuentro...

Me leyeron mis derechos. Fui acusada de negligencia. Me juzgaron con todo el peso de la ley. ¡Como toda una criminal! ¡Como si yo hubiera querido matar a lo que más amaba...!

Ahora... ¿qué me importa estar encerrada físicamente en una prisión, si ya no tengo a mi hija; si mi verdadera cárcel la tengo en mi interior? Esa que te encierra y no desea salir de ti, la de la consciencia, de tantas dudas... Esa que me recuerda a cada segundo...¡cómo puede cambiar tu vida en un instante y lo que cuesta la prisa! ¡Si me hubiera fijado...! ¡Si me hubiera detenido a cerciorarme de que estaba dentro del auto...! ¡Si no la hubiera querido llevar...! ¡Si ella no se hubiera levantado...! Créeme, ¡vivo por vivir...sin sueños, sin días, sin tiempo...!

¡Júzgame si te sientes mejor al hacerlo! No importa cuál sea tu decisión. Por mi parte, yo me hice mi propio juicio, y de esta cárcel no escaparé jamás, sino para encontrarme con ella... más allá... en el infinito... ¡donde las rosas dejan de tener espinas..."

 

Mÿçh꣣ë
©Derechos Reservados

 

Esta historia está basada en un accidente que ocurrió hace unos años. No conocí su protagonista; sólo escuché la noticia -simplemente- lo escribí pensando en lo que ella debió sentir en ese momento. 

Te dejo a ti y a tus pensamientos la moraleja de la historia.

Dedicado con todo mi cariño, a todas esas personas que viven encarceladas en su propio cuerpo por cualquiera que sea el motivo; todo tiene solución. Comencemos perdonándonos a nosotros mismos, para poder escapar de nuestra propia cárcel. 

¡Espero les haya gustado...!

 

 


 

 

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