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Ahora
eres
barco a
la
deriva
que
una vez
en mi
puerto
arribaste;
viviste
atado un
tiempo a
mi
muelle,
del cual,
sin un
motivo te
alejaste.
Y veía
con
temor tus
entradas
y
salidas,
esperando
con
tesón,
algún
día, te
decidieras
a
anclarte
permanentemente
en mi
puerto,
y a ese
amor que
sentías,
rienda
suelta
le
dieras...

Mas ya
ves cómo
es el
mar de
misterioso;
mientras
las
fuertes
olas sostenían
tu
quilla,
tú, te
dejabas
arrastrar
hacia el
horizonte,
alejándote
cada vez
más, de
mi
lastimada
orilla.
Y así,
tu barco,
se
detuvo
de
puerto
en
puerto;
mi
muelle
se tornó
más
frágil, comencé
a
temerte;
te
fuiste
sin un
adiós,
sin una
simple
despedida;
mi
puerto
se
derrumbó, por el
dolor de ya no
verte.

Mÿçh꣣ë
©Derechos
Reservados

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