
Toda mi vida huyendo a un encuentro contigo,
con miedo a conocerte y que mis sentimientos
surgieran de la nada; que mis espacios
se convirtieran en tuyos al igual que mi tiempo.
Toda mi vida intentando escapar
a lo que me producía pensar si existirías;
pensando si tal vez, eran idénticas nuestras almas
y si nuestros latidos, al unísono, se escucharían.
Toda mi vida sufriendo una agonía por lo que desconocía
y que me hacía analizar los porqués de la vida;
los engaños, la mentira, y sobre todo, conocer
cuánto puede afectar el silencio y el ocultar sin medida.
Toda mi vida escapando a lo que no debía ser,
luchando por no querer conocer ni descubrir;
y justo ahora, alma gemela de mi alma,
sales de la nada y llegas a mí, a fundir mi razón.
Te pareces tanto a mí que apenas puedo apreciar
si hablo contigo o hablo conmigo;
me gustas tanto, que es como si gustara
de mis propios deseos, de mi propio interior.
Pero ay' de la vida que siempre nos pone trampas
y nos envuelve entre sus garras para que seamos
nosotros quienes decidamos lo que queremos hacer con ella;
pobres de nosotros que somos quienes la sufrimos.
Caemos en su enredadera y cuán difícil se nos hace
salir de ella, cuán duro aflojar cada una de sus cuerdas;
porque así nos trata la vida, como simples marionetas
de una obra teatral, donde al final nada cuenta.
Y como buenos actores, al acabar nuestro acto,
lloraremos por dentro y sin que nadie nos vea,
nuestras miradas cruzadas con intensidad inmensa,
se dirán lo que han callado, y sonreiremos con pena.

Mÿçh꣣ë
©Derechos Reservados 
|