

Susurro mi nombre muy suavecito,
muy despacito, dulcemente,
para no inquietar mis pensamientos
ni mis sentidos ya fundidos.
Clavo la mirada en mi interior;
un interior que está cargado de todo
y que siente el peso de tantas
situaciones sin resolver.
Me miro al espejo...
¿qué veo? Sólo la sombra
de alguien que fue, que quiso ser
y se rindió antes del ocaso.
Mi mente marchita por tanto trabajo,
mis manos cansadas, heridas;
sangre que brota como un manantial
del pozo que he cavado en mi corazón.
Gran soledad en medio de tantos;
llanto que se desborda en porqués;
todos juzgan, pero nadie sabe;
todos cuestionan, incluso yo...
Mÿçh꣣ë
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